El dolor también se atenúa extraordinariamente en las almas que eran especialmente devotas a María. Esta dulce Madre va a consolarlas, y siendo Ella el candor de la Luz Eterna y un espejo inmaculado, les muestra, en Ella, el esplendor reflejado de la Gloria de Dios.

María es Madre de la Iglesia, por eso está cerca de cada niño. Pero de una manera especial está al lado de los más débiles, de los pequeños, de los perseguidos, de los moribundos, de todos los que aún no han logrado la plena comunión con Dios.

Esta posición de la Virgen también fue subrayada por el Concilio Ecuménico Vaticano II: “Asunta al cielo, no dejó esta función de salvación, sino que con su intercesión múltiple continúa obteniendo para nosotros las gracias de la salud eterna. Con su caridad materna cuida a los hermanos de su Hijo que todavía vagan y se encuentran en medio de peligros y angustias, hasta que son conducidos a la patria bendita” (Lunien Gentiuni 62).

Ahora, entre los que aún no han sido admitidos a la patria bendita están las Almas en el Purgatorio. Y la Virgen interviene a su favor. Porque, como le dijera a Santa Brígida de Suecia: “Soy madre de todos los del Purgatorio”.

Varios santos, incluso antes del Vaticano II, subrayaron este aspecto de la función materna de María. Por ejemplo, Sant’Alfonso Maria de ‘Liguori (1696-1787) escribió:

“Ya que esas almas (en el Purgatorio) tienen más necesidad de alivio (…), y no pueden ayudarse a sí mismas, mucho más allí esta Madre de Misericordia se compromete a ayudarlas” (Las glorias de María)

San Bernardino da Siena (1380- 1444) dijo: “La Virgen visita y ayuda a las Almas del Purgatorio, mitigando sus dolores”.

“Ella obtiene gracias y bendiciones para los devotos de estas Almas, especialmente si estos fieles rezan el Rosario en en sufragio por ellas” (Cf. Sermón 3 sobre el nombre de María).

Santa Brígida de Suecia, nacida en 1303, escribió que la misma Virgen le reveló que las Almas del Purgatorio se sienten apoyadas con sólo escuchar el nombre de María. Los siglos son ricos en otros signos de misericordia de la Madre de Jesús. Pensemos en la historia de las distintas Órdenes religiosas donde la acción de la Virgen está visiblemente a favor de la Iglesia peregrina en la tierra, pero también de la que se purifica en el Purgatorio. Y los mismos hechos relacionados con el uso del escapulario entre los carmelitas muestran cómo un amor auténtico a María, fecundo de obras de caridad, recibe de ella respuestas que derraman una particular influencia positiva también sobre las Almas del Purgatorio.

Finalmente, conviene recordar el testimonio de la monja polaca, santa Faustina Kowalska (1905-1938). Ella escribió en su diario:

“En ese momento le pregunté al Señor Jesús: ‘¿Por quién tengo que rezar todavía?’. Jesús respondió que la noche siguiente me haría saber por quién debería orar. Vi al ángel de la guarda, que me ordenó que lo siguiera. En un momento me encontré en un lugar brumoso, invadido por el fuego y, en él, una enorme multitud de almas sufrientes. Estas almas rezan con gran fervor, pero sin eficacia por sí mismas: sólo nosotros podemos ayudarlas. Las llamas que los quemaban no me tocaron. Mi ángel de la guarda no me abandonó ni un solo momento. Y les pregunté a esas almas cuál era su mayor tormento. Y contestaron unánimemente que su mayor tormento es el ardiente deseo de Dios, vi a Nuestra Señora visitando las almas del Purgatorio. Las almas llaman a María ‘Estrella del Mar’. Ella les trae alivio”.

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Fuente: http://purgatorio.altervista.org