El siguiente relato tiene como protagonista a Santa Gemma Galgani (1878-1903). Está extraído del excelente libro “The Life of St Gemma Galgani” del Venerable Padre Germanus Ruoppolo CP.

«Gemma supo por inspiración Divina que en el Convento de las Monjas Pasionistas de Corneto, Italia, había una Hermana Religiosa muy querida por Dios que estaba al borde de la muerte. Me preguntó al respecto, y al responderle que era así, inmediatamente comenzó a implorar a Jesús que hiciera a esa Religiosa en particular expiar todas sus faltas en su lecho de muerte, para que con el último suspiro pudiera entrar de inmediato al Paraíso. Su oración, al menos en parte, fue escuchada. La Hermana sufrió mucho y murió a los pocos meses. Gemma le contó a los de su casa para que rezaran por la difunta, y dio su nombre, María Teresa del Niño Jesús, como no se la conocía en Lucca. Después de su muerte, esta alma se le apareció llena de dolor, implorando su ayuda mientras sufría grandes tormentos en el Purgatorio por ciertos defectos.

No se necesitaba nada más para poner en movimiento todas las fibras del corazón de Gemma. Desde ese momento no se dio descanso: ofreció fervientemente oraciones, lágrimas y peticiones amorosas a Nuestro Señor.

«Jesús, sálvala», se la escuchó exclamar. «Jesús, lleva sin demora a María Teresa al Paraíso. Ella es un alma muy querida para Ti. Déjame sufrir mucho por ella, quiero que esté en el Cielo».

Y durante este tiempo Gemma escribe lo siguiente en su Diario:

«Eran alrededor de las 9:30 y estaba leyendo; de repente me sobresalta una mano que descansa suavemente sobre mi hombro izquierdo. Me doy la vuelta asustada; tenía miedo y traté de gritar, pero fui retenida. Me volví y vi a una persona vestida de blanco, reconocí que era una mujer, miré y su expresión me aseguró que no tenía nada que temer: «Gemma», dijo después de unos momentos, «¿me conoces?», dije que no, porque esa era la verdad, ella respondió: «Soy la Madre María Teresa del Niño Jesús: les agradezco mucho la gran preocupación que me han mostrado porque pronto podré alcanzar mi felicidad eterna.

Todo esto sucedió mientras estaba despierta y plenamente consciente de mí misma. Luego agregó: «Continúa, porque todavía tengo unos días de sufrimiento». Y al decir esto me acarició y luego se fue. Su semblante, debo decir, me inspiraba mucha confianza. Desde esa hora redoblé mis oraciones por su alma, para que pronto alcanzara su objetivo; pero mis oraciones son demasiado débiles; cómo deseo que para las almas del Purgatorio mis oraciones tengan la fuerza de los santos».

Y la querida víctima de la expiación sufrió sin cesar durante dieciséis días, al final de los cuales Dios se complació en aceptar su sacrificio y liberar esa alma. Así me lo contó la propia Gemma:

«Hacia la una y media me pareció que la misma Santísima Virgen venía a decirme que la hora santa que estaba cumpliendo estaba llegando a su fin. Entonces, casi de inmediato, creí ver a la Hermana María Teresa venir hacia mí vestida de Pasionista, acompañada de su Ángel de la Guarda y de Jesús. ¡Oh, cómo cambió desde el día en que la vi por primera vez! Sonriendo, se acercó a mí y dijo: «Estoy realmente feliz, y voy a disfrutar de mi Jesús para siempre». Ella me dio las gracias de nuevo. Luego hizo señas de despedirse de mí con la mano, varias veces, y con Jesús y su ángel de la guarda voló al Cielo. Eran alrededor de las dos y media de la mañana».

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Fuente: https://www.mysticsofthechurch.com