Museo de las almas del Purgatorio
Museo de las almas del Purgatorio

Hay una habitación misteriosa y espeluznante en la parte trasera de la Iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio, en Roma. Es conocida como el Museo de las Almas del Purgatorio, pero es en realidad una pequeña habitación con una vitrina que contiene testimonios dejados por los difuntos a los vivos, a menudo acompañados de solicitudes de misas.

Familiares, amigos e incluso extraños fallecidos visitaron a los vivos y dejaron sus manos grabadas en libros, huellas e incluso dinero para las misas.

La colección comenzó después de que un incendio ocurrido en la iglesia original dejara la imagen de un rostro grabada. El sacerdote a cargo comenzó a buscar otros signos del más allá.

La Iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio está ubicada en Lungotevere Prati 12, en Roma y abre a diario desde la mañana hasta la tarde.

¿Qué es el Museo de las Almas del Purgatorio?

El Museo de las Almas del Purgatorio no es un museo cualquiera. Fue inaugurado en 1917 no simplemente para edificar e inspirar, sino para presentar un caso, tal como un fiscal presentaría un caso ante un jurado: con evidencias.

Su colección no se compone de arte sagrado, sino de evidencia física real que pretende probar la existencia del Purgatorio. Estas son las marcas tangibles que las almas del Purgatorio dejaron para convencer a sus seres queridos de que oren por ellos.

Los papeles y ropa chamuscados que se exhiben en la sacristía de la Iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio en Prati atestiguan las pruebas de quienes lograron evitar ir al infierno, pero buscaron escapar de los fuegos purificadores del Purgatorio.

Historia

La historia de cómo surgieron la iglesia y su museo comienza en 1897 cuando estalló un incendio en la pequeña capilla que una vez estuvo en el mismo lugar. Después de que se apagó el fuego y se disipó el humo, el padre Victor Jouët, quien, no por casualidad, tenía una devoción por las almas del Purgatorio, notó que la imagen de un rostro triste y sufriente había quedado atrás en la pared. Convencido de que era un alma que pedía ayuda, se sintió inspirado desde ese momento a construir una iglesia dedicada a las almas del Purgatorio.

Según el padre Domenico Santangini, párroco de la iglesia durante los últimos 14 años, el padre Jouët acumuló la colección del museo mientras viajaba para recaudar fondos para construir la iglesia.

“Una vez que se le acabó el dinero, poco a poco mientras se construía la iglesia, viajaba por Europa tanto para buscar dinero como para buscar testimonios que evidenciaran visitas de almas del Purgatorio, y los trajo a todos aquí a Roma. Los que tenemos ahora en el museo son auténticos ”.

¿Qué podemos ver?

Esa evidencia incluye reliquias que atestiguan la existencia de las almas del Purgatorio. La colección incluye:

1.- Rostro que apareció tras el incendio

La primera imagen es de la misma secuencia, es el trozo de madera con el rostro que se formó a uno de los costados del altar en el incendio del 15 de septiembre de 1897. Las siguientes imágenes son copias de las fotografías enmarcadas del siniestrado altar en la Capilla de Nuestra Señora del Rosario (fecha señalada en una de las piezas de esta secuencia). Aunque la fotografía está muy gastada y deslavada, se observa una imagen del altar completo, con la «cara» estampada a la izquierda sobre la pilastra del marco, y un acercamiento a esta figura.

2.- Huellas de dedos

Huellas de tres dedos extendidos, estampados sobre la cubierta del libro de rezos o devocionario de María Zaganti. Esto sucedió el domingo 5 de marzo de 1871, en la Parroquia de San Andrés del Poggio en Berni, Remini. Las marcas se atribuyen a la difunta Palmira Rastelli, hermana del párroco Sante Rastelli y fallecida el 28 de diciembre de 1870, sólo dos meses y algunos días antes de su supuesta manifestación. Doña María era amiga del párroco, por lo que se interpretó que la difunta pedía, a través de ella, la celebración de santas misas por su alma.

3.- Huellas ardientes


Los cinco dedos marcados con huellas ardientes de Luisa Le Sénéchal, nacida en Chanvrieres. La mujer había fallecido el 7 de mayo de 1873, pero se le apareció de esta manera a su marido Luigi Le Sénéchal en 1875, en la casa que ambos habían compartido en Ducey, en La Mancha, Francia, dejándole la señal sobre su gorra de dormir. El alma realizó una petición de oraciones y santas misas a favor de su descanso, según el relato de autentificación, pues antes de morir la mujer le había pedido a su esposo tres misas por su descanso eterno, sin que él cumpliera con la promesa. Durante la aparición, el señor Luigi se disculpó diciéndole que no tenía dinero para pagarlas, pero su hija sí, aunque no creería en la aparición de la difunta. Ante este problema, ella le dejó la marca sobre la gorra de dormir como demostración de que se había hecho presente en el mundo de los vivos. Tras conseguir el dinero de esta manera y solicitar las misas, Luisa se le habría aparecido una vez más al viudo, mostrándose ascendiendo al Cielo. Lamentablemente, por la posición en que está el gorro dentro de la caja, la percepción visual de la mano y de la perforación se hace muy difícil.

4.- Impronta de fuego

Copia facsimilar de una impronta de fuego plasmada el sábado 13 de octubre de 1696 sobre la tela del grembiule o delantal mandil de Sor María Harendorps (en otras versiones, llamada Margarita Herendorps o Rerendorts), religiosa del Monasterio Benedictino de Winneberg, cerca de Warendorf en Westfalia, donde se conserva la pieza original. Las manos estampadas serían de la difunta Clara Schoelers según se informa, hermana del mismo convento y corista de la orden, que había fallecido a causa de la epidemia de peste, el 13 de octubre de 1637. En la pieza principal de la imagen se ve una mano oscura, mientras en la parte inferior de la fotografía se observa también la huella quemada de dos manos, dejada por la misma hermana sobre la tela de lino de su faja.

5.- Mano estampada

Mano estampada por la madre fallecida de Giuseppe Leleux sobre la manga de su camisón, durante una aparición ocurrida la noche del 21 de junio de 1789 en Wodecq-But, Bélgica. El sujeto había escuchado ruidos y señales inquietantes por once noches seguidas, que lo tenían asustado y casi lo enfermaron de angustias. Habían pasado 27 años desde la muerte de la mujer que ahora regresaba luego de esos aterradores días, para advertirle a su hijo que la vida que éste llevaba en ese momento le costaría después de muerto, rogándole rectificar sus comportamientos, cumplir con la obligación de las santas misas como legado paterno y trabajar para la Iglesia. Luego de poner su mano sobre la camiseta, quedó esta huella clarísima, impactando tanto en Giuseppe que éste enderezó su vida y fundó una congregación propia. Falleció el 19 de abril de 1825.

6.- Marca de dedo

Dedo de la hermana Pía María de San Luis Gonzaga (en otras fuentes, María Margarita), muerta en la mañana del 5 de junio de 1894 víctima de la tuberculosis, cerca de Perugia. Quedó estampado en la funda de la almohada de Sor Margherita del Sacro Cuore, luego de aparecérsele sólo horas después de morir, en la noche del 5 al 6 de junio de 1894, según consta en la relación del hecho que es conservada en el Monasterio de Santa Clara del Niño Jesús en Bastia, Perugia. La hermana Pía María había sufrido desde hacía dos años los efectos de la enfermedad, con fuertes fiebres, tos y hemoptisis, llevándola al deseo de querer morir para no sufrir más a pesar de las exigencias de la Madre Superiora de seguir firme en la lucha por la vida. Tras fallecer el día 5, se le apareció en la noche a la hermana Margherita, primero como una sombra que fue adoptando la forma de la religiosa, vestida de clarisa y rodeada de otras sombras, comunicándole que se encontraba en el Purgatorio a la espera de expiar su alma, pidiéndole oraciones para favorecer su destino. Al parecer, la hermana Margherita había sido muy severa con María, por lo que ésta le había llegado a desear la muerte, según le confesó, error la privó de un paso directo al Edén. En esta aparición puso su dedo índice sobre el cojín quemando la funda con la marca que se observa, prometiéndole volver. Cumplió la promesa entre los días 20 y 25 de junio, reapareciendo para dar las gracias a la comunidad religiosa y avisar de que iba a entrar al Cielo.

7.- Huellas carbonizadas

Huellas que se aseguran dejadas por el fallecido Abad Olivetano de Montova, el Padre Panzini, el 1° de noviembre de 1731, al aparecérsele a la madre Isabella Fornari, venerable abadesa de las Hermanas Clarisas del Monasterio de San Francisco en Todi, mientras ésta trabaja en su telar. El difunto se hizo presente ante ella con los dedos fulgurantes y dejando marcas sobre lo que tocara, incluso sus ropas cuando ella, aterrada, intentó huir y fue detenida por el propio espíritu que la tomó del brazo. Cuatro improntas resultaron de aquella increíble experiencia: 1) marcas carbonizadas de una mano izquierda y una cruz (supuestamente trazada con su dedo índice incandescente) sobre una mesita que usaba para su trabajo de telar la madre Isabella, donde se apoyó el aparecido; 2) luego, la misma mano estampada ahora sobre una hoja blanca de papel; 3) una mano derecha sobre la manga del hábito de la abadesa cuando la cogió del brazo; y 4)finalmente, la misma mano de fuego que traspasó el hábito marcándose también en la tela de la camisa de la madre Isabella y manchándola con su sangre. La relación de los hechos está registrada por el padre Isidoro Gazala del Santísimo Crucifijo, confesor de la abadesa, a la que, tras oír su testimonio, le ordenó cortar los trozos de tela de su hábito y camisa, junto al fragmento quemado de la mesa, para procurar su conservación. La aparición se interpretó como su venida desde el Purgatorio para pedir ruegos, oraciones y misas a favor de su alma.

8.- Dedos marcados a fuego

Dedos supuestamente marcados a fuego sobre un libro de Marguerite Demmerlé, en la Parroquia de Ellingen de la Diocesis de Mertz, por el espectro de su suegra que se le comenzó a aparecer 30 años después de su muerte, según la certificación y testimonio recogido. La fallecida, que había vivido entre 1785 y 1815, se materializaba con aspecto de peregrina y con el típico traje usado en su país, bajando por la escalera del granero de la casa mientras gemía y miraba con profundo dolor a la aterrada nuera sin saber quién era aún. La testigo corrió a contar al cura párroco de su localidad lo que sucedía, y el sacerdote le aconsejó intentar interactuar con la mujer. Así lo hizo, consiguiendo que la fallecida le contestara: «Soy tu suegra, muerta en el parto hace 30 años… Ve en peregrinación al Santuario del Marienthal y allí haz celebrar santas misas para mí». Marguerite cumplió con el encargo y peregrinó hasta el santuario. Cuando regresó, la suegra reaparecería agradeciendo su obediencia y anunciándole que por fin saldría del Purgatorio para ir al Cielo. Nuevamente siguiendo un consejo dado por el párroco, Marguerite le pidió que dejara una señal antes de que se marchara, y la fallecida puso su mano sobre el libro «La Imitación de Cristo», dejando una quemadura con las yemas de sus dedos, acto tras el cual desapareció sin volver a manifestarse.

9.- Más dedos marcados a fuego

Otro caso similar que correspondería a los dedos de la mano derecha del difunto Giuseppe Schitz, marcados sobre un libro de oraciones en alemán perteneciente a su hermano Giorgo, experiencia ocurrida el 21 de diciembre de 1838 en Serralbe, Lorena. De acuerdo al testimonio, el fallecido sorprendió a su hermano despertándolo con su voz y pidiéndole oraciones por su eterno descanso, pues en la ultratumba estaba siendo atormentado por la falta de piedad que había demostrado cuando estuvo vivo.

10.- Billete de 10 liras

Fotocopia de un billete bancario de 10 liras, que formó parte de un sorprendente caso también registrado en forma póstuma para el Padre Jouët por los miembros de su Asociación. Corresponde a uno de los 30 billetes que, entre los días 18 de agosto y 9 de noviembre de 1919, dejó en la puerta del Monasterio de San Leonardo de Montefalco un sacerdote fallecido. El misterioso y fantasmal personaje colocaba un billete cada día en la puerta del convento y, según se recuerda, eran todos de 10 liras como éste, hasta completar 300. Su pago desde el Más Allá era para que se hicieran misas en su recuerdo y la expiación de su alma. El museo tuvo el billete original de la imagen, pero tras una solicitud fue devuelto al Monasterio de San Leonardo donde es conservado, guardándose acá la copia facsimilar del ejemplar.

Otros casos

Los archivos que sobreviven de la Asociación del Sagrado Corazón de Jesús por el Descanso Eterno de las Ánimas del Purgatorio, dan cuenta de otros casos que fueron investigados o testimoniados como «pruebas» de las comunicaciones con el Más Allá, aunque no están reseñados en los boletines informativos actuales de la parroquia.

También hay 4 ó 5 piezas de la muestra sin reseñas, aunque es de suponer que están ligadas a algunos de los casos revisados o a otros no comentados en los mismos informativos de la exposición.

Algunos de estos casos no reseñados en la exposición, son:

En su momento, la Asociación investigó el caso del Rey de Italia Humberto I «El Bueno», asesinado en Monza el 29 de julio de 1900 por los disparos de un anarquista italo-americano llamado Gaetano Bresci. Curiosamente, el rey salía del funeral de un entonces célebre comerciante conocido como su «doble», por el parecido físico de ambos y por haber nacido el mismo día en el mismo lugar, en una historia que ha sido deleite de los amantes de las coincidencias asombrosas. Pasaron 32 años y un soldado que hacía guardia en el cenotafio monumental levantado a la memoria del soberano, pidió autorización para entrevistarse con el Rey Víctor Manuel III, declarando tener importante información que darle. Al serle concedida la visita, informó al monarca que Humberto I se le había aparecido durante sus turnos y con su mano ardiente había chamuscado parte del grueso capote militar de invierno, dejando marcada la huella.

Uno de los casos no exhibidos es el de una supuesta aparición de un fraile capuchino a Sor María Magdalena de la Santísima Trinidad, fundadora del Instituto de las Hijas de la Inmaculada Concepción., dejando estampado un dedo y una especie de círculo en la mesa de madera que ocupaba la religiosa.

Otro caso habla de un sujeto avaro que, tras morir, debió ser sepultado con una bolsa con todo su dinero, según lo dispuso en su testamento. Sin embargo, pasados unos días comenzó a aparecérsele el difunto a un amigo, rogándole que hiciera misas en su nombre, pues se encontraba atrapado en el Purgatorio, entregándole en el acto la misma bolsa de dinero con la que había sido enterrado para pagar los servicios religiosos. En la mesa donde el fantasma habría dejado colocada la bolsa, quedó una marca circular parecida a un timbre incandescente que quemó la madera.

También existe una imagen de una antigua publicación de la parroquia, de una pieza que no está hoy en exhibición y que corresponde a un libro con una marca de fuego de un dedo. Sería la «prueba» de que, en 1670, el primer párroco de Hall, Padre Cristóbal Wallbach, dejó una huella conocida como el «dedo de fuego» en un libro de oraciones, 63 años después de su muerte. La marca atravesó el libro hecho con pasta de madera, cubierto de piel de jabalí y llegó hasta la página 81, en prenda de sus súplicas para que se hicieran oraciones a su alma.

Muy parecido es el caso de otra pieza que actualmente no está disponible, cuya fecha reportada es muy anterior: una marca de «dedo de fuego» sobre otro grueso libro, atravesando varias páginas con una forma ovoide, desde el borde superior. Correspondía a un libro de oraciones que había pertenecido a Jakob Rem, aparecido en 1595.

Se tenía nota del caso del camisón de una muchacha siciliana, a la que se le apareció en los sueños su hermana muerta rogándole que rezara y celebrar misas por ella. Cuando la chica despertó creyendo que todo había sido una pesadilla, descubrió esta quemadura con forma de mano en la tela de su camisón de dormir.

Según el padre Santangini, conservador del museo:

“Las imágenes carbonizadas que tenemos en el museo representan el fuego que quema pero purifica. Poco a poco quema y purifica las almas que están en el purgatorio. Vemos una manifestación física de este fuego, pero para las almas del purgatorio es interior […] Hoy, al igual que cuando se fundó el museo, las almas del Purgatorio necesitan oración[…] Las reliquias del museo son señales que nos dicen que tenemos que creer en el Purgatorio, que existe este lugar de sufrimiento, que por él pasan tantas almas, y también que hay tantas almas que están ahí y olvidadas. Necesitamos orar por ellos».

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